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Normas de la Armonía
Colores y Volúmenes
(Con una reseña comparativa sobre algunos artistas modernos)
por Leon Gard
En la actualidad, una muchedumbre las artes plásticas son practicadas por de gente que habla con mucho seguro, pero no posee no obstante conceptos bien claros de esto de las que hacen profesión. No importa que, tomando un pincel y una paleta surtida de colores se dice a artista, y reivindica los derechos. Además, algunos literatos general monopolizan el juicio sobre los artistas arbitrariamente en débilmente informados sobre una cuestión que tratan sin embargo de una manera extremadamente perentoria. Este estado de cosas vuelve a tal abuso, por eso bien en los que practican las artes que en los que pretenden los juzgar, que llama una reconsideración de las normas.
Las normas no son todo. No crean el talento, pero permiten a los que tienen de tomar más aisement conciencia, y en el conjunto de los hombres de evitar los más grandes errores, y sobre los hombres y sobre las obras.
Ciertamente, el mejor de la razón consiste a saber a observación volver de nuevo al instinto. Pero es también en lo que el instinto tiene de mejor que él mismo se sabe defectuoso en mucha ocasión, y que solicita entonces la ayuda de la razón buscando las normas: en una palabra, la razón no es el enemigo del instinto como se lo cree vulgarmente puesto que es el instinto precisamente que, en un reflejo de defensa, recurre a la razón.
Es pues legítimo, necesario, y a veces urgente, dedicarse a la búsqueda de las normas relativas a una profesión que ejercemos, o en la cual tenemos intereses.
En esta profesión que es nuestro, se dice a menudo: un tal es un gran pintor, o: un tal no es un gran pintor, pero se dice nunca: ¿¿ÿ lo que un gran pintor? Hasta se parece huir de esta cuestión, que sería con todo esencial colocar en primer lugar.
Si se lo admite en principio que el arte del dibujo y la pintura es un arte visual, es necesario admitir también que la ley de la pintura es la luz. Ahora bien, de mismo que la descomposición de la luz producido los colores, la recomposición de los colores produce la luz. Por tanto, lo que se llaman a los grandes iluminadores que se distinguen en quienes son pintores más luminosos que otros, un gran pintor es un hombre inevitablemente sabio en la ciencia crear de la luz agrupando colores.
Pero la luz no tendría sentido a nuestro ojo de humanos sin los volúmenes: los volúmenes, en efecto, cuyo aspecto se crea por la luz, representan todo nuestro universo visible. La luz que nosotros enciende que emana de un globo luminoso de otros globos que son los planetas, y reflexionada finalmente por nuestro ojo él mismo que es un volumen, no se puede visualmente concebir más luz sin volumen que de volumen sin luz. Nuestro ojo no conoce rigurosamente nada de plato, o más bien los propios objetos planos so'lo son de los objetos de bajo grosor. Es necesario concluir obligatoriamente que un gran pintor tiene la misma preocupación y la misma ciencia de los volúmenes que de la luz.
Buscando las normas del arte y la pintura, tenemos pues que tratar los dos elementos esenciales de este arte, es decir: los colores y los volúmenes.
¿Lo que se propone por "la armonía de los colores" para designar el objetivo que persigue un pintor con ayuda de la agrupación de los colores?
Sabemos de una parte que la descomposición de la luz producido los colores, tandis que la recomposición de los colores produce la luz, y, de otra parte, que un gran pintor definiéndose como un pintor luminoso, se caracteriza por su ciencia de agrupar los colores para extraer de la luz. Ahora bien, un gran pintor definiéndose indiferentemente como un amo en el arte de crear de la luz al agrupar colores o como un amo en el arte de armonizar los colores, parece evidente que que se llama la armonía de los colores so'lo es otro la luz producida por una yuxtaposición sabia de los colores.
Es importante pues, para conocer las normas de la armonía de los colores, saber cómo, según qué leyes, el gran pintor agrupan los colores.
La ley de la pintura que es la luz, hay dos clases de defectos opuestos redhibitorios que un cuadro no debe tener: si es pinta de un color triste y opaco, no es nunca bonito, cuáles que sean, por a otra parte, sus méritos. No puede no más ser bonito si contiene colores llamativos, esto est-à- que, al lugar de unirse las unas a los otros, tienden a separarse del conjunto, y "a venir en antes de". ¿Pero en exterior de una valoración instintiva que, según la calidad del juez, puede ser la verdad o el arbitrario, y al nombre de el cual todo montaje de colores puede declararse o malo bien, es posible apoyar una crítica por una norma válida y comprobable? ¿En una palabra hay una norma definible de la armonía de los colores?
Sí, esta norma existe.
El origen y el final del color que es la luz, ningún color puede encontrar su final en sí mismo, y no existe que por informe a todos los otros. Por tanto, un color, destinando a sentarse su en el concierto de los colores donde actúa solidariamente de los otros para producir la luz, no debe nunca dominar.
Para que ningún color domina, se concibe fácilmente que él se es necesario que cada una tenga el mismo poder colorante. Ahora bien, si la armonía de los colores procede del mismo fenómeno que la producción de la luz por la agrupación de los colores, encontramos la fórmula de la armonía de los colores.
¿Pero cuándo decimos "los colores", qué designamos exactamente a? Rigurosamente hablando no existe más que tres colores: el azul, la yema de huevo y el rojo, los otros colores (púrpura, verde, anaranjado) no siendo que colores compuestos de dos tres del anteriores. Lo que equivale a decir que ninguna de los tres colores básicos: azul, amarillo, rojo, no debe dominar la una sobre otro, bajo dolor de destruir la armonía.
La definición de la armonía de los colores puede pues enunciarse así: cuál que sea la combinación coloreada, equivalencia poder coloreando de los tres colores básicos: azul, amarillo, rojo.
Se podría decir también que la armonía de los colores está en los últimos fuegos que lanzan los colores antes de de fundirse las unas en otros para formar el gris perfecto: es lo que Van Gogh, en su instinto brillante de iluminador, llamaba ingenuamente "lo que hace belleza".
Por definición contraria, esto que se llama discordancia de color se se produce cuando se aísla que violentamente un color así el ojo debe, para intentar restablecer el equilibrio, hacer un esfuerzo doloroso: es esto que se designa por color llamativo, que hace mal a los ojos, el cual viene siempre de un error de los hombres, y no de la naturaleza que no comete nunca.
Esta ley de la equivalencia en contenido de colorante fue, consciente o no, la todavía de los grandes amos. La igualdad de los tres colores de base, en efecto, se encuentra constantemente en los amos, por ejemplo en Rubens, bajo el aspecto de tres manchas honestas, azules, amarillos, rojos, alrededor de los cuales la composición se organiza y en los cuales se basa, y finalmente, en las Bodas de Cana, de Véronèse, él comprueba la perfecta distribución de los tres colores básicos. La naturaleza, bien oído, es la primera, en sus distintos aspectos, a ilustrar esta ley: nunca no favorece, en su conjunto, ningún color a las costas de los otros, y los distribuye también muy muy. Esta ley es aún la de nuestro ojo, que quiere, por ejemplo, que cuando se acaba de leer una visualización roja, se vio muy en verde, o viceversa, lo que indica suficientemente que los tres colores básicos son función una del otro y no hacen más que ofrecer un diferente aspecto de una misma sustancia.
Los objetos de tonos neutros, negros, grises o blancos se armonizan por sus sombras, sus luces y sus reflejos, y los colores complementarios se establecen de ellas mismas por el único juego de la luz que los enciende, ejemplos: un azul marina tendrá sombras encargadas de anaranjado; un blanco tendrá, en sus sombras y sus luces, todos los colores del espectro.
Creo tener poco cerca a muy dicho de parte fundamental sobre la armonía de los colores: añado que los preceptos so'lo sirven para comprobar un cuadro: si no se lo tiene a la vez un ojo más sensible que una probeta y una mano fiel que sirve de este ojo, la norma sustituirá nunca a la subvención de la naturaleza.
Por otra parte, no quiero no más olvidar destacar las pequeñas traiciones del instinto que, si se producían nunca, volverían obviamente toda norma inútil. Pintores de gran talento, a veces de los amos, no se ajustaron, en tal o cual obra, a la norma que su instinto les dictaba generalmente: se desprende que estas obras, llenas de méritos por distintos lados, son con todo imperfectas. Un ejemplo muy conocido de cuadro o la equivalencia de los tres colores de base no se respeta, es un pequeño pastel de Manet titulado el Sofá azul, sobre el cual sofá una joven mujer en vestido blanco es ancha. Muy en este pequeño cuadro es delicioso, excepto el sofá azul, incluido el azul arbitrario, que no apoya nada y es apoyado por nada, es llamativo. En mi juventud, vivo este cuadro por primera vez: lo encontré muy bonito, pero de otra parte me causó un malestar extraño, ya que no sabía porqué: aujourd' hoy, lo sé. Podría seguir citando ejemplos de errores de armonía en excelentes harmonistes por la subvención Manet se es uno incuestionablemente de del que pondrían de manifiesto una vez más que tan capital que sea el instinto no es con todo absolutamente infalible.
Como lo vimos, si la luz es la ley de las artes visuales, las consecuencias ineludibles de esta ley en estas mismas artes visuales son la armonía de los colores y volúmenes. Hablé de la armonía de los colores; me queda por hablar de los volúmenes.
Algunas "escuelas" modernas publicaron que la preocupación de traducir los volúmenes en el dibujo y la pintura no era más que un deseo pueril de trompa-ojo indigno del arte. Además de que tal ostracismo contra el relieve no se justifica en ninguna manera, y que por consiguiente el axioma que resulta se coloca a priori, se observa que los adeptos de esta opinión, sinceros o no, no descartan menos de uno solos golpes una de las más grandes dificultades de la pintura. Se observa aún que, esta dificultad apartada, la pintura se vuelve inmediatamente accesibles a todos los los que son incapaces de expresar un volumen, esto est-à- a millares y millares de gente. Aún una vez, ante el desconcierto de defenderse contra el despotismo de las afirmaciones gratuitas y de la presunción, falta de definición clara de la cuestión, es necesario enviar un SOS a las normas.
Si se lo admite, como lo dije más arriba, que nuestro ojo no puede concebir volumen sin luz ni de luz sin volumen, se siga obligatoriamente que, la luz siendo la ley de las artes visuales, él hay arte visual sin volumen. Es necesario concluir que una obra plástica, sincera o no, que descarta a priori el problema del volumen, debe rechazarse despiadadamente como un hérésie.
Por último, si el volumen es un elemento capital de las artes visuales, está claro que es deseable, para alcanzar la cumbre del arte, que el volumen sea no solamente volumen, pero aún que sea bonito. ¿Pero qué se debe entender por bonito volumen?
Es incluso de la evidencia que todos los volúmenes creados por la naturaleza son los más bonitos que conocemos. Observamos que estos volúmenes al mismo tiempo que bonitos son verdaderos. ¿Decirse lo que debe? Es decir expresan la calidad consustancial a la naturaleza de los objetos que representan: resistencia, dureza, transparencia, flexibilidad, elasticidad, flexibilidad, fragilidad, inercia, movimiento, etc. Por tanto, generalmente un volumen es bonito en la medida en que expresa la calidad consustancial a la naturaleza del objeto que representa. Por ejemplo, un cuerpo humano posee un grosor, pero se hace también de hueso, músculos, sangre y carne, y finalmente se anima de la vida, el movimiento y la voz: este cuerpo humano, expresado en el arte visual, debe pues ofrecer más que un volumen, y debe aún mencionar todas las calidades consustanciales a la naturaleza de este cuerpo arriba designadas.
Así pues, armados de una primera certeza, es decir que las artes visuales, teniendo por ley la luz, plantean dos problemas esenciales: la armonía de los colores y volúmenes, a continuación proveídos de la definición de estos dos problemas, somos de mismo de examinar bajo el informe de las normas las obras de algunos artistas modernos conocidos, esto est-à- de apreciarse en qué medida plantearon los dos problemas y en qué medida los solucionaron.
Vlaminck, bajo el informe de la armonía de los colores, es pesado y negruzco en sus cuadros poco coloreados, pero generalmente llamativo cuando coloca una mancha de color. Tiene de felices pero raras excepciones. Para los volúmenes, a pesar de los fuertes aires "" de una pasta gruesa, él traducidos mal: sus modelados son de - poco-cerca el que amplio golpe de cepillo perentorio y afirmativo ofrece una superficial semejanza con el control.
Segonzac que, parece, contempla a la distinción de las armonías, y, como se dice, al "comportamiento, se hace un gran uso del monochromisme o los colores" rotos ":" no es allí plantear el problema de la armonía de los colores, sino eludirlo. Eso no impide a otra parte no sus grisallas ser pesado, frío y opaco, y sus composiciones monocromas de contener tonos llamativos cuando son un poco vivos. Como Vlaminck, y como él a pesar de fuertes engordes y grandes golpes de paleta, sus modelados son huecos y los volúmenes faltan.
Rouault, de una manera general, es a la vez pesado y llamativo en sus montajes de colores. Una especie de tendencia a ensuciar los tonos, reduce un poco esto que sus colores tendrían naturalmente de vendimia, y su práctica de delimitarlo todo de grande y despótica característica negra pretende distraer la tristeza y la falsedad de sus tonos neutros y de su grises. En cuanto a los volúmenes, está claro que no se propuso tratarlos: no podemos pues lógicamente acusarle haber fallado en una tarea sino él no emprendimos. Por contra, nos está permitido acusarle haber descartado deliberadamente el uno de los problemas fundamentales de la pintura, y de decirle que no se tiene nunca el derecho, cuando se es pintor, suprimir los volúmenes.
Picasso, que esquiva la pesadez cayendo en la sosería monocroma, es siempre llamativo cuando se permite el color vivo. Es parmis el impotente del volumen: después de haber intentado traducirlo más allá de la verdad por sus globos, tomó el partido altivo de ignorarlo.
Dirige evita mostrar su pesadez adoptando las materias mates, y su crudeza tanto como lo se limitado a los tonos beige y marrones. En él, no se habla nunca el volumen.
En su período actual, todos los tonos de Matisse son francamente llamativos: eso hace una especie de permanencia en el llamativo que se debe nunca confundir con el intenso, ya que no alcanza este punto exactamente de armonía - nec más ultra - que hace que hay borde y no grito. ¿Es necesario hablar de los volúmenes de Matisse?
Bonnard puede considerarse como un harmoniste de una determinada calidad, aunque no tenga un verdadero conocimiento de las leyes de la armonía, y que su instinto so'lo hay imperfectamente: a veces bastante a menudo que sea algún poco llamativo bajo pretexto de " fiesta de colores " (entre paréntesis, este defecto es muy extendido aujourd' hoy: mucho pintores creen expresar " la alegría del color ", salpicando su cuadro no importa qué color proporcionado que ella sea ruidoso). El problema de los volúmenes, en Bonnard, se descuida deplorablemente: en sus mejores cuadros, creyó suficiente expresarlos por alusiones vagas proporcionado que fueran agradables. Las artes visuales no consisten en señales que es necesario traducir o panoramas que el espectador debe acabar en su espíritu. Exigir del espectador que haga una parte de trabajo que incumbe al artista es una señal de debilidad en este último: es así que la mayoría de las últimas obras de Bonnard se aflige de esta inconsistencia por la cual las formas no existen para no decir así ya.
Derain se dota ciertamente de un sentido muy final de los informes de tonos. Sin embargo, varios de sus cuadros indican la ignorancia de las normas de la armonía de los colores, ya que no considerarse no su alejamiento poco cerca a general para los tonos vivos puede como una ciencia de servirse de los colores, pero como una negativa a servirse. No abandonó los volúmenes, los tiene algunas veces traducidos agradablemente, pero no les muestra siempre el respeto que les se debe.
Utrillo, en su bonito tiempo, es admirable: intenso y fino. Pienso que no conoce las normas de la armonía de los colores, sino que su hay. Escaso en los volúmenes de la figura humana, es extraordinariamente potente en los del paisaje, especialmente los terrenos, los ciels, los edificios, las paredes.
Se disculpan matizar me de esta seca nomenclatura demasiado breve, pero indiqué normas, y normas sin ejemplos hubieran sido incompletas.

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